Bajar la temperatura y subir la salinidad: Un binomio difícil

El catedrático de Ecología e Hidrología, Ángel Pérez Ruzafa, ha presentado al Comité de Representación Social su informe sobre la situación del Mar Menor. Resalta que «las últimas mediciones indican que ha recuperado sus valores habituales de salinidad y temperatura, y los nutrientes están en valores bajos». Bienvenidas sean las buenas noticias. No obstante comenta que «El equilibrio sigue siendo tan frágil que cualquier agente externo puede retrasar o empeorar la evolución de la laguna costera».

Desde mi punto de vista, lo más preocupante de su exposición es que:«Debe tenerse en cuenta que el sistema es aún altamente sensible a factores de estrés como la subida y persistencia de temperaturas elevadas o baja salinidad, por lo que habrá que estar muy pendientes tanto de las precipitaciones, como de entradas de agua dulce como consecuencia del mantenimiento de niveles freáticos excesivamente altos».

Si consideramos el Mar Menor como una cubeta aislada, que no lo es, su temperatura dependerá, fundamentalmente, de los horas de insolación y su intensidad, supongo que también de la penetración de la misma, es decir de la transparencia, y de la evaporación. Se me hace difícil actuar sobre la insolación y la evaporación y, en el momento actual la transparencia parece también un imponderable. Resulta pues que poco o casi nada podemos hacer para rebajar la temperatura que adquiera el mar, sin aportaciones externas, ya que ésta depende de razones estrictamente meteorológicas.

Es evidente que el Mar Menor no es una cubeta cerrada. Recibe aportaciones desde el Mediterráneo, por las encañizadas y las golas; a través del nivel freático del Cuaternario del Campo de Cartagena; y de las escorrentías de las ramblas que vierten en él, fundamentalmente las de El Albujón, La Carrasquilla y  El Beal.

Las aguas del Mediterráneo tienen menor temperatura que las de el Mar Menor y, consecuentemente, su entrada contribuirá a rebajar la temperatura, pero también tienen menor salinidad, por lo que rebajarán la salinidad.

A falta de datos sobre la salinización que hayan adquirido las aguas del acuífero Cuaternario, es de suponer que, en cualquier caso, su salinidad será menor que la del Mar Menor, por lo que su entrada, rebajaría la salinidad. Su temperatura también debe de ser menor que la de la laguna, por lo que su entrada la rebajaría la de ésta. La entrada de estas aguas tiene además el efecto contaminante de la carga de nitratos y fosfatos provenientes de los abonos.

Las ramblas que desaguan al Mar Menor se nutren, básicamente, de las aguas de escorrentía. Si llueve sus aportaciones, inevitablemente, rebajarán tanto la temperatura como la salinidad del Mar Menor, ya que serán aguas frías y prácticamente sin sal. El mismo efecto tendrá el agua de lluvia que caiga directamente sobre la lámina de agua.

En resumen, cualquiera de las aportaciones de agua al Mar Menor (estamos hablando de las aportaciones relevantes) producirán el efecto de rebajar la temperatura y disminuir la salinidad.Esta es la dificultad de satisfacer el binomio. Es cierto que las aguas del Mediterráneo están más próximas, tanto en temperatura como en salinidad, a las del Mar Menor, que el resto de los afluentes, pero tampoco es menos cierto que, hoy por hoy, los márgenes de maniobra sobre estos parámetros son escasos.

Parecería deducirse de todo lo anterior que estamos en manos de la Naturaleza, pero puede que no sea así si tienen éxito las investigaciones que está llevando a cabo la Cátedra de Agricultura Sostenible de la UPCT. Según la información que nos llega (ver dossier de prensa) los experimentos piloto para desnitrificar y disminuir la salinidad de las aguas del acuífero Cuaternario son esperanzadores. ¡MUCHA SUERTE¡

 

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