El elemento afectivo

El Gobierno Regional acaba de presentar la Estrategia de Gestión Integrada de Zonas Costeras del Sistema Socio-Ecológico del Mar Menor y su Entorno, trabajo realizado por la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales de la Universidad de Cádiz.El catedrático director del equipo de expertos que ha realizado el trabajos se ha visto sorprendido por un «elemento afectivo» que no ha encontrado en otros lugares y  manifesta que «el Mar Menor será lo que ustedes quieran», y la pregunta que inmediatamente se me viene a la cabeza es ¿y qué queremos que sea?. A continuación se me plantean otras cuantas que no quiero dejar de exponer: ¿quién decide lo que queremos que sea?; ¿es posible, una vez decidido, conseguir el objetivo?.

No he leído el trabajo realizado, y evidentemente no voy a entrar en una valoración del mismo, pero me parece excesivo, por irreal, plantear que el Mar Menor será lo que queramos. ¿Quién no desearía que el Mar Menor fuese como era hace cincuenta años?, probablemente todos estaríamos de acuerdo, si ello fuera posible, pero mucho me temo que transformar la agricultura del Campo de Cartagena en la agricultura de secano, que era hace cincuenta años, no sea un escenario planteable. Tampoco parece planteable reducir la presión urbanística a niveles de entonces, o cerrar la canal de El Estacio o revertir tantas y tantas actuaciones que han conducido a que la laguna se encuentre en la situación actual.

En nuestra página web http://marmenor.fundacionlosalamos.es/ hemos enunciado, desde su origen, lo que denominamos «Una propuesta posibilista» para recuperar el Mar Menor. La propuesta, elaborada y reenviada a algunos de los miembros del Comité Científico antes de crearse la página, enumera diversas actuaciones en el campo social, científico, sectorial y político, que consideramos necesarias para conseguir que las aguas del Mar Menor tenga un «razonable» nivel de calidad.

Entiendo, como no puede ser de otra manera, que el Mar Menor está en un proceso de eutrofización y que es necesario poner en marcha un plan de actuación para detener  dicho proceso y recuperar, si no los parámetros originales, al menos una calidad «aceptable» de las aguas y de su entorno. Se repite por parte de los diversos partidos políticos que hay que hacer compatible la agricultura del Campo de Cartagena y la calidad ambiental del Mar Menor, pero desconocemos si ello es posible y, en caso de que lo sea cuales son las actuaciones que hay que poner en práctica.

Creo que la respuesta a la compatibilidad de la agricultura y la calidad de las aguas del Mar Menor solamente puede venir de la mano de una modelización del Mar Menor que permita plantear distintos escenarios para prever hacia donde se va por el camino que llevamos y las actuaciones necesarias para desviarnos hacia horizontes más confortables ambientalmente. De la información que nos suministra el Canal Mar Menor quiero deducir que se está trabajando en esta línea. La colocación de los medidores de corriente para conocer el intercambio de caudales con el Mediterráneo, que supongo se complementarán con parámetros fisico-químicos de esas agua, conjuntamente con los resultados del estudio que se contrató con Tragsa sobre el acuífero del Cuaternario del Campo de Cartagena y los demás parámetros que se están midiendo en la propia laguna, parecen apuntar en esa dirección.

Esta información, si es cierta mi hipótesis, es la información esencial que debería trasladarse al Comité de Participación Social, en vez de relatar las actuaciones de la «araña finlandesa», el dragado de las golas y otras ocurrencias, que ni tienen que ver con la solución del problema, ni han sido apoyadas por el Comité Científico. Claro está que este camino tiene un problema, que probablemente los responsables de la Comunidad Autónoma no quieren asumir.

Si de la modelización resulta que el nivel de explotación agrícola actual y la calidad de las aguas del Mar Menor no son compatibles habrá que tomar partido por reducir la actividad agrícola o continuar con el proceso de eutrofización y entonces tendrán que decidir acerca de «qué es lo que queremos para el Mar Menor». Y para tomar esa decisión creo que a nuestros políticos les falta el ELEMENTO AFECTIVO

 

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