MELANCOLÍA

Hace tiempo que este blog no ha tenido entradas. No ha sido por falta de noticias relevantes, ni porque la información que ha aparecido en los medios no haya sido digna de comentario. Muy al contrario, hemos vivido este verano, relacionados con el Mar Menor, hechos realmente importantes: la anoxia de agosto y la mortandad de peces que supuso; la presencia de la Vicepresidenta de Transición Ecológica; del Comisario Europeo de Medio Ambiente; y la diatriba sobre la conveniencia, o no, de dragar la encañizada de Marchamalo.

La lluvia de artículos periodísticos, declaraciones de políticos, de técnicos (más o menos mediatizados), de legos en la materia y de cualquiera que, como yo, pasaba por allí ha sido realmente apabullante.

Desgraciadamente el tiempo pasa, inexorablemente, y las actuaciones para revertir la dramática situación del Mar Menor no hacen acto de presencia.

Soy consciente de que el problema no es fácil de resolver, aunque también soy consciente (al menos así lo creo) de que ningún Organismo Público se ha planteado la NECESIDAD de solucionarlo.

Es de primero de teoría para solucionar problemas seguir los siguientes pasos: identificar cuál es el problema que hay que resolver, buscar las posibles soluciones, elegir la mejor, o menos mala, y ponerla en práctica.

A estas alturas del partido creo que nadie duda del proceso de eutrofización del Mar Menor. El origen, por más que se intente disimular, está en los fertilizantes que utiliza (o ha utilizado) la agricultura intensiva del Campo de Cartagena. Por mucho que la Fundación Ingenio, y su publicitada campaña quiera contarnos acerca de la agricultura ecológica de precisión, por los nitratos provenientes de los fertilizantes hemos llegado a la dramática situación en la que está el Mar Menor.

Ya sabemos, y creo que esto es irrebatible, que estamos ante un proceso de eutrofización generado por una agricultura intensiva impulsada por un uso importante de fertilizantes. Diría que ya tenemos identificado el problema.

La segunda parte ( buscar las posibles soluciones) entiendo que es labor más peliaguda, por lego, y a la vista de la falta de propuestas. Hoy hablamos de homeostasis, mañana de abrir golas si, golas no, de que el problema son las DANA´s, y cuando no las hay pues que ha subido o bajado la temperatura o la salinidad, dilación, incógnitas y explicación de hechos.

Me gustaría creer que los profesionales que están trabajando en la solución del problema tienen los datos suficientes y necesarios para hacer un diagnóstico fiable. Me gustaría creerlo pero podría asegurar que esto no es así. Mucho me temo de que no existe una red permanente ,y en tiempo real, que informe acerca de los parámetros físicos y químicos del agua a distintas profundidades y de la hidrodinámica del Mar Menor. Pensar que disponen de una modelización de la hidrodinámica de la laguna y de su relación con el nivel freático del Cuaternario, y con el Mar Mediterráneo, se me figura un sueño (admito que puedo estar desinformado).

En esta situación se me antoja harto difícil proponer soluciones. Sin datos y sin disponer de las herramientas que la tecnología actual pone a nuestra alcance, la única alternativa que queda es la nada científica solución de «prueba y error». Y en esas estamos. Quien hoy propone dragar Marchamalo hace unos años era partidario, si pudiera, de cerrar la canal de El Estacio (sic).

Sin alternativas claras está complicado elegir una alternativa, aunque solo sea la menos mala. No se puede ir más allá de la ocurrencia, basada en lo que es prioritario en el momento.

El panorama que vislumbro es muy descorazonador. Soy consciente de ello y es lo que me ha sumido en la MELANCOLÍA, que me ha mantenido alejado de este Blog, que, personalmente, me reconforta conmigo mismo y con mi vida en el Mar Menor, que tantas alegrías me ha dado, y me sigue dando, a pesar de todo.

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